E. CROHN Y COLITIS ULCEROSA

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¿Qué son estas enfermedades?

Tanto la enfermedad de Crohn como la colitis ulcerosa se incluyen en un grupo denominado enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Se trata de unos procesos que afectan al intestino delgado y al colon, inflamándolo de manera crónica y recurrente.

La enfermedad de Crohn debe su nombre al Dr. Burrill B. Crohn quien la describió en el año 1932 y la colitis ulcerosa fue descrita por el Dr. Samuel Wilks en el año 1859. Ambas enfermedades comparten características parecidas, incluso cuando afectan solamente al colon a veces son indistinguibles y en esos casos se utiliza el término de colitis indeterminada.

 

¿Por qué se originan?

 La teoría actual con los datos actuales que se conocen induce a pensar que aparecen tras la presencia de un agente desconocido (microorganismos, virus, componentes de la dieta, etc…) que pone en marcha una serie de cambios en el sistema inmunológico del organismo, provocando la inflamación del intestino sobre una base genética de predisposición. No es que sea hereditaria, pero los familiares de un paciente con EII tienen más posibilidades de padecerla.

Son enfermedades que, por lo general, afectan a personas jóvenes, tanto hombres como mujeres, en general entre los 20 y los 40 años de edad, pero también se pueden dar en otras fases de la vida.

Estos procesos pueden empeorar en periodos de estrés, aunque hay que tener presente que los pacientes con estas enfermedades tienen un mayor grado de ansiedad y de depresión que otros, lo que indica una consecuencia natural de estas enfermedades y no su causa.

En la colitis ulcerosa la parte del intestino que se inflama es la mucosa (la capa más superficial de la pared del colon), pudiendo afectar de manera más o menos intensa y en distintas localizaciones. Si afecta al recto (la parte final del intestino grueso) se denomina proctitis ulcerosa, si se afecta al recto y sigma se denomina proctosigmoiditis ulcerosa, cuando es aproximadamente la mitad final del colon se denomina colitis izquierda y si la afectación es de todo el colon se denomina pancolitis ulcerosa.

En la enfermedad de Crohn, no sólo se ve afectada la mucosa sino a toda la pared del intestino y puede aparecer en cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca al ano. Sin embargo, lo más frecuente es que afecte al intestino delgado en su parte final (ileitis terminal) y al colon en su parte inicial (el ciego). En una parte importante de pacientes con enfermedad de Crohn, aparecen problemas en el ano, la llamada enfermedad perianal que incluye varios procesos como son la aparición de fisuras, fístulas y abscesos. En el intestino, la enfermedad de Crohn puede ocasionar estrecheces (estenosis), inflamación de la pared del intestino, úlceras, fisuras y fístulas.

 La colitis indeterminada produce alteraciones que se asemejan a la enfermedad de Crohn en unos aspectos y en otros que a la colitis ulcerosa.

Tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn, pueden tener afectación indirecta de otros órganos del  cuerpo, como en la piel (con lesiones llamadas eritema nodoso y pioderma), en los ojos (escleritis o uveítis), en las articulaciones (artritis y espondilitis), en el hígado (colangitis esclerosante) y otras complicaciones menos frecuentes. En la colitis ulcerosa y en la colitis de Crohn está algo aumentado el riesgo de padecer tumores del colon, por lo que los pacientes con más de 8 a 10 años de evolución deben vigilarse mediante endoscopias.

 

¿Qué síntomas ocasionan?

Estas enfermedades presentan síntomas en los periodos de actividad o brotes de la enfermedad alternando con otros períodos en los que en que el paciente se encuentra asintomático o en fase de remisión.

En la colitis ulcerosa se produce una serie de síntomas que generalmente consisten en la presencia de diarrea, dolor abdominal, a veces fiebre, sensación de evacuación incompleta o tenesmo rectal y en la presencia de mucosidad, secreciones a veces purulentas y restos de sangre en las heces o incluso rectorragia franca.  Además pueden aparecer diversas manifestaciones extraintestinales, las más frecuentes articulares (artritis) y cutáneas (eritema nodoso y pioderma).

En la enfermedad de Crohn los síntomas frecuentemente simulan una gastroenteritis (dolor abdominal y diarrea) que se prolonga en el tiempo.  A veces produce sangrado, pérdida de peso, fiebre, dolores articulares y afectación anal. Una parte de los pacientes debutan de forma muy aguda, simulando procesos parecidos a una apendicitis aguda o a un cuadro de obstrucción intestinal.

 

¿Cómo se diagnostica?

Ante un cuadro clínico compatible con la existencia de estas enfermedades el médico pone en marcha una serie de pruebas complementarias para establecer el diagnóstico. Estas pruebas en general son:

Análisis: La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn van a producir alteraciones en los análisis, que pueden ser más o menos importantes según la severidad del proceso inflamatorio. Es frecuente encontrar anemia, leucocitosis,  aumento de plaquetas, aumento de la velocidad de sedimentación, falta de hierro o de vitamina B12, descenso de la albúmina y a veces alteraciones en las pruebas del hígado. También es de especial interés los denominados marcadores de inflamación como son la PCR (proteína C reactiva) y la calprotectina en heces. Otros análisis que ayudan a completar el estudio se basan en estudios inmunológicos, serológicos, microbiológicos, etc.

Endoscopia y biopsia. Es la exploración principal en el diagnóstico de la colitis ulcerosa. La colonoscopia (examen de todo el colon y de la parte final del intestino delgado) permite saber la localización de la afectación, controlar el seguimiento de posibles complicaciones y realizar tomas de biopsias.

Diagnóstico radiológico. Hay varias técnicas que pueden permitir diagnosticar estas enfermedades y evaluar su gravedad o la existencia de complicaciones como son: radiología simple de abdomen, enema opaco, tránsito intestinal, ecografía abdominal, gammagrafía, TAC abdominal o resonancia magnética. De todas ellas las que más datos aportan para evaluar a los pacientes son la ecografía, el TAC y la resonancia magnética.

El diagnóstico de la EII a veces no es fácil, y puede confundirse con otros cuadros como el síndrome de intestino irritable, las perforaciones intestinales, la diverticulitis, la apendicitis, enfermedades ginecológicas, enfermedades infecciosas o parasitarias, tumores del colon y otras.

 

¿Cómo se trata?

El tratamiento de la EII es muy complejo, cada paciente debe ser individualizado a la hora de aplicar los diferentes fármacos. Se deben diferenciar dos situaciones: el tratamiento del brote y la prevención de la recaída.

En el tratamiento del brote se emplean muchos fármacos, por vía oral o por el recto. Los medicamentos más frecuentemente utilizados son los denominados salicilatos (salazopirina, mesalazina, etc), los corticoides de acción sistémica o local (prednisona, budesonida, beclometasona, etc), antibióticos (ciprofloxacino, metronidazol, etc), los inmunosupresores (azatioprina, mercaptopurina, metotrexate, ciclosporina, tacrolimus, etc) y los agentes biológicos (infliximab, adalimumab, etc).

La nutrición en estos pacientes es un factor fundamental a tener en cuenta, sobre todo en la edad infanto-juvenil, no solo para tratar los brotes inflamatorios, sino también para alcanzar un adecuado desarrollo físico en la pubertad.

Otros tipos de tratamiento pueden basarse en técnicas endoscópicas para resolver algunas situaciones concretas como las estrecheces intestinales, procedimientos quirúrgicos etc.

En pacientes con brotes graves puede ser preciso el ingreso hospitalario para tratamiento intravenoso de los fármacos o para aplicar procedimientos quirúrgicos en caso de refractariedad a los tratamientos médicos o para resolver determinadas complicaciones.

 

¿Cuál es el pronóstico?

La EII no es curable en el momento actual de una forma definitiva, pero si es posible tratar los brotes e intentar minimizar la aparición de éstos o la aparición de complicaciones. Un paciente con EII y un tratamiento adecuado debería tener un pronóstico de vida igual al de una persona que no la padezca. El número de brotes que cada paciente presente es variable, pudiendo oscilar desde uno cada varios años  hasta varios brotes anuales.

Las perspectivas futuras son esperanzadoras con el continuo conocimiento de estos procesos y el avance científico en la investigación y desarrollo de nuevos fármacos que conseguirán, sin duda, un mejor control de estas enfermedades y una mejor calidad de vida para estos pacientes.

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